12. Jan 2022

Margit Koudelka

La microbiota intestinal y las hormonas

Las bacterias intestinales y su relación con el balance hormonal han pasado a ser el centro de atención de la ciencia. Los primeros estudios indican que la microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en la regulación de nuestras hormonas y, por tanto, podría influir en el riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a las mismas.

Importancia de la flora intestinal

En la antigüedad, los estudiosos suponían que nuestro intestino influía en nuestra salud de muchas maneras diferentes. La medicina moderna ha podido verificar tales suposiciones, y ahora sabemos que nuestras bacterias intestinales deciden qué nutrientes son absorbidos por nuestro cuerpo y cómo se descomponen los residuos, influyen en el sistema inmunitario e inluso en la regulación del peso corporal. Cientos de especies de bacterias colonizan nuestro intestino: una composición desequilibrada de la flora intestinal (es decir, un aumento de la proporción de bacterias “malas” y una reducción de la proporción de bacterias “buenas”) puede perjudicar nuestra salud. Las enfermedades inflamatorias intestinales crónicas, las intolerancias y alergias alimentarias, así como los trastornos psicológicos y las enfermedades neurológicas pueden ser consecuencias de una flora intestinal dañada. Aunque todavía no se conocen completamente todos los efectos que nuestro microbioma tiene sobre nuestra salud, numerosos estudios demuestran que las bacterias intestinales pueden influir en todo nuestro organismo, incluido el equilibrio hormonal.

El intestino y la producción de hormonas

El intestino y el cerebro están estrechamente conectados a través de las vías nerviosas (sistema nervioso entérico), los productos metabólicos de las bacterias intestinales y las hormonas, entre otras cosas. Por ejemplo, el intestino puede indicar al cerebro qué nutrientes le faltan al organismo. El intestino produce incluso una serie de hormonas (“sustancias mensajeras”) en función de la composición de la flora intestinal. Entre ellas se encuentran las hormonas de la felicidad, la dopamina y la serotonina, y también la hormona del sueño, la melatonina. Las hormonas influyen en todas las situaciones de nuestra vida. La evolución hormonal se manifiesta especialmente en el nacimiento, en la fase de desarrollo infantil, en la pubertad y en la menopausia o andropausia (menopausia masculina).

Sección transversal de un ovario humano bajo el microscopio.

Además de las glándulas endocrinas, es decir, las glándulas que producen hormonas y las vierten directamente en el torrente sanguíneo, el microbioma también está atrayendo la atención como productor de mensajeros químicos y, por tanto, y desempeñar un papel importante en los cambios fisiológicos de nuestro organismo. En consecuencia, la interacción de las bacterias intestinales no solo tiene una influencia significativa en las enfermedades metabólicas como la diabetes de tipo 2 o la obesidad. Una flora intestinal desequilibrada también puede favorecer las enfermedades inflamatorias y autoinmunes, así como la formación de tumores, y ser un importante factor de influencia en las enfermedades endocrinas (hormonales).

Niveles de estrógeno

Una nueva investigación sugiere que la microbiota intestinal desempeña un papel central en la regulación de los niveles de estrógeno, influyendo en el riesgo de desarrollar ciertas enfermedades relacionadas con las hormonas. Cuando la microbiota intestinal está sana, el cuerpo produce la cantidad necesaria de la enzima ß-glucoronidasa (especialmente en los ovarios), responsable de regular los niveles de estrógeno. Sin embargo, una microbiota dañada puede modificar la actividad de esta enzima, lo que provoca un suministro insuficiente o excesivo de estrógenos libres. Las enfermedades que pueden derivarse de ello son la endometriosis, el cáncer de mama y de próstata y el síndrome de ovario poliquístico (SOP).

Algunas hormonas se producen en el propio intestino, dependiendo de la composición de nuestra flora intestinal.

El SOP es un trastorno hormonal común que en Europa afecta del 4 al 12 % de las mujeres en edad fértil, e incluso también podría afectar a sus hijos varones. Las mujeres con SOP muestran agrandamiento de los ovarios con muchos quistes pequeños en los bordes. Los síntomas típicamente incluyen ausencia de menstruación, deseo insatisfecho de tener hijos, exceso de peso e incluso problemas estéticos como pérdida de cabello, aumento del vello corporal y manchas en la piel. El síndrome de ovario poliquístico suele ir acompañado de resistencia a la insulina, lo que conlleva el riesgo de desarrollar diabetes mellitus de tipo 2 a largo plazo. Asimismo, aumenta la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares. La causa del SOP es un exceso de hormonas masculinas (andrógenos) en relación con la hormona femenina estrógeno. Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de padecer este desequilibrio hormonal se encuentra la predisposición genética (aunque no existe un gen específico asociado al SOP), así como el aumento de los niveles de testosterona en la madre durante el embarazo, y las alteraciones de la microbiota intestinal.

Microbioma y SOP

Gracias a investigaciones científicas de alto nivel, ahora sabemos que el microbioma puede contribuir a los síntomas asociados al SOP al afectar el metabolismo energético, el peso corporal y la sensibilidad a la insulina. También es bien conocido y está claramente documentado que la flora intestinal está estrechamente relacionada (posiblemente de forma causal) con la inflamación crónica y el aumento de la permeabilidad intestinal. Es posible que la herencia de determinadas bacterias también influya en la probabilidad de padecer el síndrome de ovario poliquístico, un problema que todavía no se ha podido explicar de forma clara desde el punto de vista genético.

Recientemente, varios estudios austriacos (piloto) investigaron la composición del microbioma de pacientes con SOP y de un grupo de control compuesto por mujeres sanas. Los estudios revelaron que el microbioma fecal de las pacientes con SOP estaba significativamente dañado, mostrando una menor diversidad y una composición bacteriana alterada. Además, los investigadores pudieron determinar que varios parámetros indicaban una función disminuida de la barrera intestinal y endotoxemia (intoxicación causada por presencia de endotoxinas bacterianas en el torrente sanguíneo).

El microbioma también parece estar estrechamente relacionado con nuestras hormonas.

El aumento de la permeabilidad de la barrera intestinal, por ejemplo, tiene un impacto negativo en la sensibilidad a la insulina, lo que implica que se necesita más insulina, y esto puede conducir a la diabetes. Además, aumenta la cantidad de andrógenos biodisponibles, lo que puede desequilibrar el balance hormonal. Además del microbioma alterado, también se han detectado niveles elevados del parámetro inflamatorio zonulina, que no sólo es un marcador de la permeabilidad intestinal, sino que también está relacionado con la disminución de la diversidad bacteriana en el intestino de las pacientes con SOP.

 Existe una asombrosa y estrecha interacción entre el microbioma y las hormonas (sexuales), la inmunidad y el metabolismo energético. Si bien el papel exacto del microbioma todavía debe ser dilucidado, los resultados iniciales muestran que la modulación de la flora intestinal dañada en pacientes con SOP podría ofrecer una nueva alternativa terapéutica en el futuro. Mediante la administración dirigida de probióticos, los niveles hormonales y síntomas asociados a los trastornos endocrinos pueden verse influidos positivamente sin los efectos secundarios de la medicación actual. Los proyectos de investigación que se llevarán a cabo en un futuro próximo continuarán estudiando intensamente este apasionante tema, y la importancia del microbioma para nuestra salud.


 

Hormonas

La palabra hormona deriva del griego antiguo “hormaen”, que significa conducir o excitar. El término fue acuñado por el fisiólogo inglés Ernest Starling, considerado el descubridor de la hormona digestiva secretina. Las hormonas son producidas por las llamadas glándulas endocrinas y se liberan directamente en la sangre (de esta manera también pueden actuar en células que están lejos del lugar donde se producen las hormonas), y de esta manera actúan como importantes “mensajeros” químicos entre diferentes órganos.

Resumen de las hormonas más importantes

Adrenalina: ayuda al cuerpo a movilizar fuerzas adicionales en situaciones de peligro y estrés, para luchar o huir. Esta sustancia mensajera se forma en la médula suprarrenal y se libera desde allí al torrente sanguíneo.

Cortisol: se produce en la corteza suprarrenal y es, como la adrenalina, una hormona del estrés. Influye en los vasos sanguíneos y en nuestro metabolismo, y es especialmente importante para el equilibrio de electrolitos.

Dopamina y serotonina: son responsables de la transmisión de la excitación de una célula nerviosa a otra. También se conocen como las hormonas de la felicidad.

Endorfinas: son los opiáceos propios del cuerpo y actúan, entre otras cosas, como analgésicos naturales. Estas sustancias también garantizan que la persona siga siendo capaz de reaccionar en caso de emergencia.

Insulina: permite al cuerpo almacenar energía. Después de ingerir hidratos de carbono, el cuerpo de una persona sana libera insulina. Esta asegura que el azúcar ingrese a las células y pueda almacenarse allí, haciendo que el nivel de azúcar en la sangre baje. Si este mecanismo se ve alterado, por ejemplo, por una cantidad insuficiente de insulina o por un aumento de la resistencia a la insulina de las células (mayor necesidad de insulina), suele ser necesario un tratamiento con medicamentos.

Melatonina: controla el ritmo día-noche. Se produce en la glándula pineal a partir de la serotonina. Sin embargo, también se produce en otros lugares del cuerpo, por ejemplo, en el tracto digestivo.

Estrógeno y testosterona: estas hormonas sexuales son las responsables de que las mujeres parezcan mujeres y los hombres parezcan hombres. Influyen en el deseo y en la capacidad de reproducción.

Los estrógenos bajo la lupa

El estrógeno tiene muchas funciones importantes en el cuerpo humano. Regula el depósito de grasa, la capacidad de reproducción de la mujer, la salud cardiovascular, la formación de huesos y la renovación celular. En las mujeres que han pasado la menopausia, la alteración del estroboloma (la parte del microbioma asociada al equilibrio de los estrógenos) se asocia a una mayor probabilidad de obesidad, enfermedades cardiovasculares y osteoporosis. De hecho, las personas obesas, los pacientes con osteoporosis o con enfermedades cardiovasculares también son significativamente más propensas a tener una flora intestinal desequilibrada. Por lo tanto, es obvia la conexión entre estas enfermedades y el estroboloma. Una dieta desfavorable y un estilo de vida poco saludable pueden alterar el estroboloma. También los antibióticos y los anticonceptivos hormonales alteran tanto el equilibrio bacteriano como los niveles de estrógeno en el organismo.

 
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