Vivimos en una época en la que el número de personas con sobrepeso aumenta rápidamente. El hecho de que nuestra sociedad tenga un problema importante con el peso se ha convertido casi en una nueva normalidad, al igual que las constantes advertencias de los profesionales sanitarios.
No hace falta mirar a otros continentes, donde el consumo de comida rápida y refrescos en tamaño XL forma parte del día a día. En Europa, las cifras también son alarmantes: más del 50 % de la población tiene sobrepeso u obesidad, a pesar de todas las iniciativas de salud de las últimas décadas.
Especialmente preocupante es el aumento en niños. Aproximadamente uno de cada cinco niños presenta sobrepeso u obesidad, es decir, una acumulación de grasa corporal por encima de lo considerado saludable (IMC > 30). Además, este problema afecta con mayor frecuencia a los grupos con menor nivel socioeconómico.
Especialmente problemáticas son las enfermedades asociadas y las complicaciones derivadas del exceso de grasa corporal y de las alteraciones metabólicas que lo acompañan. Las personas con sobrepeso tienen un riesgo especialmente alto de desarrollar síndrome metabólico (también conocido como el “cuarteto mortal”).
Este síndrome se caracteriza por la aparición de exceso de grasa abdominal, hipertensión, niveles elevados de lípidos en sangre y niveles altos de glucosa.
No se trata de un problema menor. Se estima que entre el 30 % y el 35 % de la población puede verse afectada. Además, el riesgo de enfermedades posteriores aumenta considerablemente: aproximadamente la mitad de las personas con síndrome metabólico desarrollará enfermedades cardiovasculares, y cerca de tres cuartas partes acabará padeciendo diabetes tipo 2 a lo largo de su vida.
Causas de la diabetes, la obesidad y otros...
Las causas de estas enfermedades están estrechamente relacionadas con nuestro estilo de vida actual. La falta de movimiento y la alimentación basada en productos ultraprocesados han cambiado por completo nuestro metabolismo.
La llamada dieta occidental se caracteriza por un exceso de grasas, azúcares, sal y productos industriales, junto con una baja ingesta de fibra. Es un patrón al que nos hemos acostumbrado hasta el punto de que revertirlo resulta complicado.
La microbiota intestinal como factor clave
Es fácil caer en la idea de que las personas con sobrepeso simplemente tienen menos fuerza de voluntad o son más sedentarias porque no consiguen aplicar la supuesta fórmula infalible de “menos calorías = menos peso”. Y, en parte, esta lógica parece correcta: quien mantiene un equilibrio entre la energía que ingiere y la que gasta, tiende a mantener un peso estable.
Pero la realidad es bastante más compleja. Como explica la Prof. Vanessa Stadlbauer-Köllner, gastroenteróloga y hepatóloga de la Universidad Médica de Graz, la obesidad es un problema complejo, no solo una cuestión de balance entre ingesta calórica y consumo energético.
La obesidad surge del conjunto de factores como la predisposición genética, una alimentación inadecuada, el sedentarismo, el estrés, las condiciones del entorno y los factores psicológicos. Aunque ya se conocen muchas de estas causas, la investigación sigue buscando una terapia eficaz, segura y aplicable a gran escala. Y es precisamente aquí donde la microbiota intestinal ocupa una posición clave.
Stadlbauer-Köllner lleva años investigando la interacción entre medicamentos, enfermedades y microbiota intestinal y explica así esta relación: una alimentación rica en azúcar y grasa altera la diversidad y la composición de las bacterias intestinales, lo que puede provocar efectos negativos sobre el metabolismo del azúcar y de las grasas y, en consecuencia, favorecer el aumento de peso.
Más concretamente, los endotoxinas o toxinas bacterianas procedentes del intestino pueden pasar al organismo cuando la barrera intestinal está alterada. Esto desencadena una mayor liberación de citocinas y, con ello, reacciones inflamatorias sistémicas. Se genera así una espiral negativa que puede llevar a resistencia a la insulina y a un aumento progresivo de peso.
La buena noticia es que, tal y como también han demostrado distintos estudios, la composición de la microbiota intestinal puede mejorar de nuevo mediante cambios en la alimentación y una mayor actividad física.
Más calorías procedentes de los alimentos ultraprocesados
Para comprender la complejidad de estas relaciones, también hay que saber que en materia de alimentación no solo importa la cantidad de calorías, sino también cómo están procesados los alimentos.
En un experimento, participantes sanos consumieron durante 14 días alimentos con la misma proporción de azúcar, hidratos de carbono, fibra, grasa y sal. Un grupo recibió los alimentos en forma no procesada, mientras que el otro los consumió en forma de productos preparados o ultraprocesados.
El resultado fue claro: quienes consumían alimentos ultraprocesados ingerían aproximadamente 500 calorías más al día y, en solo dos semanas, ganaron alrededor de 1 kg más de peso.
Esto demuestra que los alimentos altamente procesados favorecen una mayor ingesta calórica.
“Por qué ocurre esto aún no se conoce con exactitud. Probablemente nuestro organismo interpreta de forma incorrecta este tipo de alimentos muy procesados o la sensación de saciedad aparece más tarde”, explica Stadlbauer-Köllner.
Aumento de peso influido por la microbiota
También una microbiota intestinal desequilibrada puede favorecer el sobrepeso, como demuestran diversos estudios. “Esto indica que la microbiota puede ser una causa directa del aumento de peso”, explica Stadlbauer-Köllner.
Un ejemplo es un estudio de la Universidad de Harvard en el que se analizó la microbiota intestinal de parejas de gemelos humanos: uno delgado y otro con sobrepeso. Los participantes con sobrepeso presentaban una menor diversidad bacteriana y una composición alterada de la microbiota intestinal, con un exceso de bacterias del grupo Firmicutes y una menor presencia de Bacteroidetes.
Para profundizar en este hallazgo, los investigadores trasplantaron la microbiota intestinal del gemelo delgado a un grupo de ratones criados en condiciones estériles, y la del gemelo con sobrepeso a otro grupo.
Ambos grupos de ratones recibieron exactamente la misma alimentación. El resultado fue revelador: los ratones que recibieron la microbiota del gemelo con sobrepeso aumentaron significativamente más de peso que aquellos que recibieron la microbiota del gemelo delgado.
Buenos “aprovechadores de nutrientes”
Esto puede explicar por qué algunas personas apenas logran perder peso incluso cuando cambian su alimentación. Según explica Stadlbauer-Köllner, existen personas con una determinada composición de la microbiota intestinal que facilita ganar peso cuando hay un exceso de calorías.
Hace algunos siglos esto suponía una ventaja evolutiva: en épocas en las que la comida escaseaba, permitía sobrevivir mejor. Sin embargo, hoy en día, en una sociedad donde los alimentos abundan, puede convertirse en una desventaja.
Se sabe que las bacterias del grupo Firmicutes pueden obtener calorías incluso a partir de fibras que el organismo no digiere. Por el contrario, las bacterias Bacteroidetes encapsulan los hidratos de carbono no utilizados, lo que permite que se eliminen con las heces.
Por ello, la microbiota de una persona considerada un “buen aprovechador de nutrientes” puede llegar a extraer hasta un 30 % más de calorías de la misma cantidad de alimento que la microbiota de personas más delgadas.
Estos hallazgos muestran claramente el enorme potencial de la microbiota intestinal en el tratamiento de alteraciones del metabolismo de las grasas y del azúcar, como la obesidad o la diabetes tipo 2.
Efectos positivos sobre el metabolismo
El tratamiento principal de la obesidad sigue siendo el cambio de estilo de vida, basado en una alimentación adecuada y una mayor actividad física. En este contexto, el ayuno intermitente ha demostrado ser una estrategia eficaz para favorecer la pérdida de peso.
Diversos estudios han confirmado que el ayuno intermitente no solo mejora la composición de la microbiota intestinal, sino que también favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta con efecto antiinflamatorio. Además, puede estimular la transformación del tejido adiposo blanco en tejido adiposo marrón, lo que aumenta el gasto energético y facilita la pérdida de peso.
En un estudio reciente realizado en personas con diabetes tipo 1, se observó incluso que el ayuno intermitente podía reducir la necesidad de insulina.
Sin embargo, este tipo de estrategias no siempre resulta fácil de mantener a largo plazo. La alimentación no solo cumple una función nutricional, sino también social y emocional: comer también significa compartir, disfrutar, relajarse o desconectar. Por ello, tras una pérdida de peso inicial, a muchas personas les resulta difícil mantener los resultados en el tiempo.
Inyecciones para adelgazar y trasplante de microbiota fecal
“Debido a la reducción del metabolismo basal, los resultados a largo plazo suelen ser limitados. Cuando una persona pierde mucho peso, cambia toda la situación metabólica y el organismo empieza a aprovechar más energía de los alimentos que antes. Es el conocido efecto yo-yo, que está bien documentado científicamente”, explica Stadlbauer-Köllner.
Por eso no sorprende que muchas personas recurran a soluciones aparentemente más rápidas como medicamentos para adelgazar, inyecciones para la pérdida de peso o incluso intervenciones quirúrgicas como el bypass gástrico. Sin embargo, estos enfoques pueden implicar efectos secundarios y riesgos, y además actúan cuando el problema ya está presente.
Por este motivo, la experta subraya la importancia de la prevención a nivel social:
“La industria alimentaria tiene interés en acostumbrarnos a alimentos ricos en azúcar y grasa, de modo que generen un deseo constante de consumo”, explica. “Por eso, las medidas preventivas son fundamentales”.
En los últimos años también ha generado interés, y en algunos casos cierto rechazo, el uso del trasplante de microbiota fecal. Según la especialista, debido al elevado número de personas afectadas, no se trata de una solución viable a gran escala, aunque sí resulta muy útil para seguir investigando la relación entre la microbiota intestinal, la obesidad y la diabetes.
Un ejemplo lo ilustra claramente: en estudios clínicos, al transferir microbiota intestinal de personas delgadas sin diabetes a pacientes con diabetes, se ha observado una mejora en la resistencia a la insulina.
En otro caso, la transferencia de microbiota de una persona con sobrepeso a una persona delgada provocó un aumento de peso en la receptora. Por ello, actualmente las recomendaciones médicas establecen que los donantes deben tener un peso saludable.
Probióticos: una nueva vía para mejorar el metabolismo
Dado que las alteraciones de la microbiota intestinal son muy similares en muchas de las enfermedades relacionadas con el síndrome metabólico, mejorar su composición se perfila como una estrategia terapéutica con gran potencial.
En distintos estudios se ha observado que el uso de probióticos puede tener efectos positivos sobre parámetros relacionados con el metabolismo, como el índice de masa corporal (IMC), el perímetro de cintura, el porcentaje de grasa corporal y el metabolismo del azúcar y de las grasas.
Además, los resultados indican que una duración de al menos 6 meses puede generar efectos más marcados que intervenciones más cortas, y que dosis más elevadas pueden potenciar los beneficios.
A pesar de estos avances, todavía es necesario seguir investigando para trasladar estos conocimientos a la práctica clínica. Tal y como señala Stadlbauer-Köllner, es fundamental establecer recomendaciones claras que permitan interpretar correctamente la información que aporta la microbiota intestinal y definir su papel en el tratamiento de enfermedades metabólicas.
Conclusión
La obesidad y la diabetes tipo 2 no son solo una cuestión de alimentación o fuerza de voluntad. La microbiota intestinal desempeña un papel clave en cómo nuestro organismo procesa los nutrientes y regula el metabolismo.
Cuidar la microbiota intestinal, a través de una alimentación equilibrada, un estilo de vida activo y estrategias específicas como el uso de probióticos, puede ser una herramienta importante para mejorar la salud metabólica y prevenir enfermedades a largo plazo.