¿Qué es la endometriosis?
La endometriosis es una enfermedad crónica y a menudo dolorosa en la que el tejido similar al que recubre el interior del útero (endometrio) crece fuera de él. Estas células pueden encontrarse en lugares como los ovarios, las trompas de Falopio, el peritoneo, la vejiga o incluso el intestino. Aunque no deberían estar allí, responden al ciclo hormonal igual que el endometrio: se engrosan, se descomponen y sangran con cada menstruación. El problema es que, al no tener una vía de salida, ese tejido puede generar inflamación, adherencias y quistes.
Los síntomas de la endometriosis varían mucho de una persona a otra. Algunas no presentan molestias, mientras que otras sufren dolores menstruales intensos, molestias durante las relaciones sexuales, fatiga, problemas digestivos y dificultades para quedarse embarazadas. Uno de los signos más comunes es el dolor pélvico crónico, especialmente antes y durante la menstruación.
Endometriosis y síntomas
Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Dolor menstrual intenso, que no mejora con analgésicos convencionales.
- Dolor pélvico crónico, no necesariamente asociado al periodo.
- Molestias o dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia).
- Dolor al ir al baño, sobre todo durante la menstruación.
- Problemas digestivos como diarrea, estreñimiento o hinchazón abdominal.
- Cansancio extremo o sensación de agotamiento constante.
- Dificultad para quedarse embarazada o infertilidad.
Muchas veces estos síntomas se normalizan o se confunden con otras condiciones, como el síndrome de intestino irritable.
Por eso, es fundamental visibilizar la enfermedad y prestar atención al cuerpo. Se estima que entre el 10 % y el 15 % de las mujeres en edad fértil podrían tener endometriosis, aunque muchas no están diagnosticadas.
¿Qué tiene que ver la microbiota?
La microbiota intestinal está compuesta por billones de microorganismos que viven en tu intestino. Participan en funciones vitales como la digestión, la respuesta inmunitaria y la regulación hormonal. De hecho, existe un subconjunto de bacterias conocido como estroboloma, encargado de metabolizar los estrógenos.
Cuando hay un desequilibrio en esta microbiota (lo que se conoce como disbiosis intestinal), puede alterarse el metabolismo de los estrógenos y aumentar la inflamación sistémica del cuerpo. Esto podría empeorar los síntomas de la endometriosis o incluso favorecer su aparición.
¿Qué dice la ciencia sobre la endometriosis?
Aunque la endometriosis no tiene cura definitiva a día de hoy, la investigación ha avanzado mucho y existen múltiples estrategias terapéuticas que permiten aliviar los síntomas y frenar su progresión. La elección del tratamiento depende de varios factores, como la localización de los focos endometriósicos y la intensidad de los síntomas.
Una de las opciones más comunes es la terapia hormonal, que busca reducir la producción de estrógenos, ya que estas hormonas alimentan el crecimiento del tejido endometrial fuera del útero. Para ello, se suelen prescribir anticonceptivos orales combinados, tratamientos hormonales continuos o análogos de la GnRH.
También se utilizan analgésicos con efecto antiinflamatorio, que ayudan a controlar el dolor, especialmente durante la menstruación. Eso sí, su uso siempre debe estar supervisado por un profesional médico.
En los casos más severos, o cuando existe deseo de embarazo no logrado, puede considerarse una cirugía para eliminar los focos de endometriosis. La intervención se realiza normalmente mediante laparoscopia. No obstante, aunque la operación suele ofrecer buenos resultados, en algunos casos los síntomas pueden reaparecer con el tiempo, por lo que a menudo se recomienda una combinación de tratamientos.
En paralelo, cada vez más estudios señalan que existe una relación entre la microbiota intestinal y vaginal y la endometriosis. En las personas afectadas se ha observado:
Menor diversidad bacteriana
Aumento de bacterias proinflamatorias
Mayor permeabilidad intestinal
Todo ello puede promover un entorno inflamatorio persistente, que a su vez favorece el crecimiento de los focos de endometriosis. Esto abre la puerta a nuevas vías de tratamiento complementario centradas en el cuidado de la microbiota.
¿Qué dicen los expertos?
En un vídeo explicativo, la ginecóloga Dra. Stephanie Jansen destaca que la endometriosis no solo afecta al sistema reproductivo, sino también al sistema inmunitario y al digestivo. Subraya que muchas personas con endometriosis presentan una microbiota intestinal y vaginal alterada, con menos diversidad bacteriana y más bacterias proinflamatorias.
Este desequilibrio puede contribuir a una inflamación crónica, lo que a su vez favorece el desarrollo de lesiones endometriales fuera del útero. Según la experta, una alimentación rica en fibra, pobre en azúcares y de efecto antiinflamatorio puede ayudar, al igual que ciertos probióticos específicos que apoyan el equilibrio microbiano.
Cómo puede ayudarte cuidar tu microbiota
Cuida tu alimentación: Aumenta el consumo de fibra (frutas, verduras, legumbres) y reduce el azúcar y los ultraprocesados.
Incluye alimentos fermentados: Kéfir, chucrut, yogur natural.
Apoya tu microbiota con probióticos: Pueden ayudarte a restablecer el equilibrio intestinal y reducir la inflamación.
Evita el estrés crónico: El eje intestino-cerebro está muy relacionado con la microbiota.
Descansa bien y muévete: Dormir bien y hacer ejercicio moderado también favorece una flora intestinal sana.
Conclusión
Aunque aún se está investigando, el vínculo entre microbiota y endometriosis es cada vez más claro. Cuidar tu intestino no solo mejora tu digestión, también puede influir en cómo te sientes durante el ciclo menstrual y cómo evolucionan los síntomas de la endometriosis.
¿Sufres de vientre hinchado o molestias digestivas frecuentes junto con dolor menstrual? Podría ser momento de prestar atención a tu microbiota.
- Para el manejo dietético en caso de disbiosis vaginal
- Contra la picazón y el ardor en la zona genital
- Uso fácil e higiénico: ¡solo hay que beberlo!
- No produce descargas adicionales y se puede usar durante el período
- Sin hormonas, proteínas animales, gluten, levadura ni lactosa