¿Y si tu hinchazón no fuese "normal"?
Muchas personas conviven a diario con un vientre hinchado, gases y digestiones pesadas, pensando que es algo habitual o simplemente parte del estrés. Pero en realidad, estas molestias pueden ser la señal de que algo no va bien en el intestino. Uno de los responsables más comunes —y desconocidos— es el SIBO. En este artículo te explicamos qué es, cómo se manifiesta y qué puedes hacer para recuperar tu bienestar intestinal.
¿Qué es exactamente el SIBO?
El SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth) es un sobrecrecimiento anormal de bacterias en el intestino delgado.
Aunque este tramo del aparato digestivo también alberga microorganismos, su cantidad debe ser muy reducida para que la digestión y la absorción de nutrientes se desarrollen correctamente. En cambio, el colon —la parte final del intestino— sí está diseñado para tener una población bacteriana mucho más numerosa.
Cuando el equilibrio se rompe y las bacterias proliferan en exceso en el intestino delgado, comienzan a fermentar los alimentos antes de tiempo, produciendo gases (como hidrógeno o metano) y sustancias que irritan la mucosa intestinal. Este proceso puede generar hinchazón abdominal, dolor, digestiones lentas, reflujo, diarrea o estreñimiento, e incluso afectar a la absorción de vitaminas y minerales esenciales.
Con el tiempo, este desequilibrio puede influir en todo el organismo, ya que el intestino está estrechamente conectado con el sistema inmunitario y el sistema nervioso. Por eso, muchas personas con SIBO notan también cansancio, niebla mental o alteraciones en el estado de ánimo.
En definitiva, el SIBO no es solo un problema digestivo: es una alteración global del equilibrio intestinal que requiere un enfoque integral para recuperar la salud y el bienestar.
¿Cómo saber si puedes tener SIBO?
Aunque el SIBO puede manifestarse de distintas formas, hay una serie de síntomas que se repiten con frecuencia:
Vientre hinchado constante
No se trata solo de una hinchazón puntual después de una comida copiosa. El SIBO puede generar una distensión abdominal visible desde por la mañana o que empeora a medida que avanza el día. Muchas personas dicen que se sienten “embarazadas” al final del día, aunque coman sano.Exceso de gases y eructos
Las bacterias en exceso fermentan los alimentos, liberando gases como hidrógeno y metano. Esto no solo produce molestias físicas, sino también malestar emocional y social.Alteraciones en el tránsito intestinal
Puede presentarse con diarrea, estreñimiento o ambos. Estos cambios en el ritmo intestinal suelen ser persistentes y difíciles de controlar solo con dieta.Sensación de digestiones pesadas o lentas
Aunque la comida sea ligera, las personas con SIBO suelen notar que la digestión se vuelve lenta e incómoda.Cansancio y niebla mental
El intestino y el cerebro están estrechamente conectados. Cuando el sistema digestivo está inflamado, también lo notamos en nuestra energía, estado de ánimo y concentración.
¿Qué provoca el sobrecrecimiento bacteriano?
El SIBO no aparece por una única causa. Suele ser el resultado de varios factores que alteran el equilibrio intestinal:
Problemas de motilidad intestinal
El intestino tiene un sistema de limpieza natural (complejo motor migrante) que elimina los restos entre comidas. Si este movimiento no funciona correctamente, las bacterias pueden quedarse donde no deben.Uso prolongado de antibióticos
Aunque a veces son necesarios, los antibióticos desequilibran la flora intestinal, eliminando bacterias buenas y favoreciendo el crecimiento de las que no deberían estar en esa zona.Déficit de ácido gástrico
Un bajo nivel de ácido en el estómago impide descomponer bien los alimentos y permite que ciertas bacterias sobrevivan y lleguen al intestino delgado.Estrés sostenido en el tiempo
El estrés afecta negativamente al sistema digestivo: ralentiza la digestión, debilita las defensas intestinales y altera la microbiota.Dieta alta en azúcares fermentables
Ciertos alimentos ricos en carbohidratos mal absorbidos, como cebolla, ajo o legumbres, alimentan a las bacterias en exceso si ya existe un desequilibrio.
¿Cómo se diagnostica el SIBO?
El diagnóstico del SIBO suele comenzar con una buena valoración de los síntomas digestivos —hinchazón persistente, gases, digestiones pesadas o cambios en el ritmo intestinal—, pero para confirmarlo se necesita una prueba específica: el test del aliento.
Este test mide los gases (hidrógeno y metano) que se producen en el intestino delgado y que luego se exhalan al respirar. Se realiza tras ingerir una solución de lactulosa o glucosa, que las bacterias fermentan si hay un sobrecrecimiento.
Cuando los niveles de estos gases aumentan rápidamente, indica que las bacterias están actuando donde no deberían: en el intestino delgado.
Es una prueba no invasiva, indolora y sencilla, que puede hacerse tanto en casa como en consulta. Solo requiere seguir unas pautas previas (como ayuno o dieta específica el día anterior) para garantizar un resultado fiable.
Además del test del aliento, el profesional puede recomendar otras pruebas complementarias, como análisis de microbiota intestinal o estudios de permeabilidad, para obtener una visión más completa del equilibrio digestivo y las posibles causas que mantienen el SIBO activo.
Un diagnóstico correcto es clave para poder personalizar el tratamiento y evitar recaídas: no se trata solo de eliminar bacterias, sino de entender por qué aparecieron y cómo recuperar el equilibrio intestinal a largo plazo.
Enfoques para tratar el SIBO
No hay una única forma de tratar el SIBO. Un enfoque completo y personalizado suele combinar varios aspectos:
1. Reducir el número de bacterias en el intestino delgado
Esto puede lograrse con tratamientos farmacológicos o naturales, según la recomendación del profesional. El objetivo es reducir el exceso de bacterias en zonas donde no deberían estar.
2. Adaptar la alimentación temporalmente
Muchas personas mejoran con una dieta baja en FODMAPs, diseñada para reducir la fermentación intestinal. Es importante destacar que debe ser temporal y siempre con supervisión, para evitar deficiencias nutricionales.
3. Apoyar la digestión y el movimiento intestinal
El uso de enzimas digestivas, la mejora del ácido gástrico o el apoyo a la motilidad son claves para recuperar el equilibrio digestivo y evitar recaídas.
4. Reequilibrar la microbiota intestinal con probióticos específicos
Los probióticos juegan un papel clave en la recuperación tras el tratamiento del SIBO. Elegir cepas bien toleradas, que no produzcan gases y que hayan demostrado eficacia en situaciones digestivas complejas, puede ayudar a reducir la inflamación, reforzar la barrera intestinal y repoblar el sistema digestivo con bacterias beneficiosas.
No todos los probióticos son aptos para personas con SIBO, por lo que su uso debe estar adaptado a cada fase del proceso y preferiblemente bajo supervisión profesional.
Escucha a tu cuerpo y cuida tu intestino
Si llevas tiempo conviviendo con molestias como gases, digestiones lentas o un vientre hinchado, no lo normalices. El intestino es una pieza clave de tu salud general, y merece atención.
Buscar el origen de los síntomas, seguir un enfoque integral y respetuoso con tu cuerpo y contar con apoyo profesional puede marcar la diferencia. Recuperar el equilibrio es posible. Tu bienestar intestinal es también tu bienestar físico, mental y emocional.