Síndrome de fatiga crónica: cuando el día a día se convierte en una lucha
Se estima que en Alemania alrededor de 500.000 personas y en Austria entre 80.000 y 100.000 padecen síndrome de fatiga crónica, aunque se cree que la cifra real podría ser mucho más alta. Esta enfermedad, conocida médicamente como Encefalomielitis Miálgica / Síndrome de Fatiga Crónica (EM/SFC o ME/CFS), puede afectar a personas de todas las edades, incluidos niños y adolescentes.
Lo más llamativo es que las mujeres se ven afectadas con mucha más frecuencia que los hombres, en una proporción aproximada de 3 a 1.
A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó el ME/CFS ya en 1969 como una enfermedad neuroinmunológica, todavía hoy sigue siendo incomprendida y subestimada, e incluso llega a considerarse erróneamente como un “trastorno menor” o una dolencia sin entidad propia.
¿Qué es el síndrome de fatiga crónica (SFC)?
El SFC es una enfermedad crónica de origen neuroinmunológico que provoca una gran variedad de síntomas. Afecta al sistema inmunológico y nervioso, así como al sistema hormonal, cardiovascular y al metabolismo en general.
Como resultado, las personas afectadas presentan múltiples síntomas y solo conservan una pequeña parte de su capacidad física y mental previa.
El síntoma principal del SFC es la intolerancia al esfuerzo, también conocida como malestar post-esfuerzo (Post-Exertional Malaise). “Se trata de un empeoramiento significativo de los síntomas, sobre todo del agotamiento, tras un esfuerzo físico o mental mínimo, lo que obliga a quienes lo padecen a guardar cama durante días o incluso semanas”, explica la doctora Katharina Kurz, especialista en medicina interna.
Dependiendo de la gravedad, incluso actividades cotidianas como leer, ducharse o cocinar pueden provocar un colapso físico y una fatiga desproporcionada.
Las limitaciones pueden ser tan severas que el 25 % de los afectados no pueden salir de casa o están confinados en su domicilio, y más del 60 % son considerados no aptos para trabajar.
Causas del síndrome de fatiga crónica
El origen exacto de esta enfermedad aún no está claro. Los estudios actuales apuntan a procesos autoinmunes y alteraciones en el metabolismo energético como factores clave. Muchas veces, los síntomas comienzan después de una infección viral (como Epstein-Barr o coronavirus), una operación, un accidente o incluso una vacunación.
La doctora Kurz también destaca la importancia del intestino en estos casos: “Muchos pacientes tienen problemas digestivos, intolerancias o alergias que se asocian con una disbiosis intestinal”.
Resultados preliminares de un estudio piloto indican que en pacientes con síndrome post-COVID hay mayor presencia de metabolitos bacterianos en la orina, lo que refuerza la hipótesis de la implicación del intestino.
Síntomas más comunes del SFC
Intolerancia al esfuerzo: empeoramiento de los síntomas tras actividades físicas o mentales, aunque sean leves.
Fatiga crónica: agotamiento extremo que no mejora con el descanso.
Intolerancia ortostática: dificultad para mantenerse de pie (mareos, taquicardia, presión baja o alta).
Síntomas neurocognitivos: problemas de concentración, “niebla mental”, fallos de memoria.
Síntomas neurológicos: hipersensibilidad a la luz, al ruido o al olor, problemas de coordinación.
Mayor propensión a infecciones: sobre todo respiratorias, de duración prolongada.
Trastornos del sueño: sueño no reparador, insomnio o inversión del ciclo sueño-vigilia.
Dolor muscular: incluso con esfuerzos mínimos; en casos graves, espasmos o calambres.
Dolores de cabeza: similares a la migraña, persistentes.
Problemas visuales: visión borrosa, túnel o dificultad para enfocar.
Diagnóstico del síndrome de fatiga crónica
Debido a que las causas del SFC y del síndrome post-COVID aún no están completamente aclaradas y sus síntomas coinciden con los de muchas otras enfermedades, el diagnóstico suele ser complejo y frustrante para los pacientes.
Es fundamental realizar una evaluación detallada de la historia clínica y los síntomas. Primero deben descartarse otras enfermedades como esclerosis múltiple, tumores o trastornos tiroideos. Actualmente, no existen biomarcadores específicos, por lo que los profesionales usan criterios clínicos como los Criterios Canadienses de Consenso.
Se considera SFC cuando:
...la fatiga persiste mínimo seis meses sin causa aparente.
...tras un esfuerzo leve, aparecen síntomas o dolor.
...los síntomas surgieron tras una infección.
...la recuperación tras un esfuerzo dura varios días.
...hay limitación significativa en la vida diaria.
...existen otros síntomas como dolor muscular o de cabeza, mareos, fiebre, trastornos del sueño, estrés y cansancio, y problemas de memoria.
Diferencias entre síndrome post-COVID y SFC
Desde la pandemia de 2020 han aumentado las enfermedades postinfecciosas como el síndrome post-COVID, a menudo confundido con el SFC. Aunque comparten síntomas, son patologías distintas.
Si la fatiga y la intolerancia al esfuerzo duran más de seis meses y hay otros síntomas típicos, se debe evaluar un posible SFC.
Muchos pacientes con síndrome de fatiga crónica son diagnosticados erróneamente con depresión o burnout. La intolerancia al esfuerzo es clave para diferenciarlo: las personas con SFC quieren hacer cosas, pero su cuerpo no responde.
También puede haber depresión secundaria debido a la gravedad de la enfermedad o por un metabolismo alterado, especialmente si hay problemas intestinales que afectan la producción de neurotransmisores como serotonina y melatonina, fundamentales para el ánimo y el sueño.
Opciones de tratamiento para el SFC
No hay cura ni medicamentos específicos, pero existen estrategias para mejorar la calidad de vida y reducir los síntomas.
La más eficaz es el Pacing, una técnica de gestión de la energía que ayuda a evitar las recaídas. Escuchar al cuerpo y respetar los límites es clave.
Es vital adaptar el tratamiento al paciente y la gravedad del caso. Existen guías actualizadas para profesionales. En casos leves o moderados, puede ayudar la rehabilitación temprana; en los más graves, la terapia ocupacional. El abordaje multimodal puede incluir rehabilitación, pacing, suplementos, probóticos y terapias que refuercen el sistema nervioso autónomo como osteopatía, acupuntura o yoga.
El papel de la microbiota intestinal en el SFC
La alimentación es clave: se recomienda evitar ultraprocesados, cocinar en casa y seguir una dieta antiinflamatoria mediterránea, rica en vegetales, baja en histamina, azúcares refinados y harinas blancas.
Una dieta equilibrada mejora la microbiota intestinal, alivia síntomas digestivos y puede influir positivamente en la evolución de la enfermedad. También pueden ayudar el ayuno terapéutico supervisado, la dieta cetogénica y el uso de probóticos.
El microbioma intestinal es esencial para la salud y su desequilibrio puede afectar tanto física como emocionalmente a través del eje intestino-cerebro.
Estudios recientes sobre probóticos multiespecie
Un estudio reciente analizó los efectos de un probótico multiespecie en 70 pacientes con fatiga postinfecciosa (sin diagnóstico de SFC). Tras seis meses, se observó una mejoría significativa en la fatiga, los síntomas depresivos y la calidad de vida.
Mientras que en el grupo placebo las mejoras fueron limitadas, en el grupo de probóticos la mejora fue generalizada. Estos resultados abren nuevas vías para mejorar el día a día de los afectados por esta debilitante enfermedad.