Enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn es una inflamación crónica del intestino que puede causar diarrea persistente, dolor abdominal, fatiga y pérdida de peso. En esta guía explicamos sus síntomas, causas, complicaciones, opciones de tratamiento y cómo la microbiota intestinal y los probióticos de alta calidad pueden ayudar a cuidar el equilibrio del sistema digestivo.

Diarrea que no se va, dolor y calambres abdominales, cansancio extremo, pérdida de peso, falta de apetito… La enfermedad de Crohn puede cambiar el día a día por completo. Se trata de una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que puede afectar a cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque con más frecuencia al final del intestino delgado (íleon) y al inicio del intestino grueso (colon).

La enfermedad de Crohn no tiene cura definitiva, pero hoy en día existen tratamientos y cambios de estilo de vida que pueden ayudarte a controlar los síntomas, reducir los brotes y mejorar mucho la calidad de vida.

Inflamación típica de la enfermedad de Crohn

¿Qué es la enfermedad de Crohn?

La enfermedad de Crohn es una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que puede afectar a cualquier tramo del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano. A diferencia de otras EII, la inflamación puede alcanzar todas las capas de la pared intestinal, no solo la superficie, y aparece en forma de brotes, alternando periodos de síntomas intensos con fases de remisión en las que la persona puede encontrarse casi sin molestias.

Suele diagnosticarse entre los 15 y los 35 años, aunque puede aparecer a cualquier edad. Su origen no está completamente definido, pero influyen factores genéticos, ambientales, inmunológicos y, cada vez con más evidencia, el estado de la microbiota intestinal, que desempeña un papel clave en la barrera intestinal y en el funcionamiento del sistema inmunitario.

Síntomas de la enfermedad de Crohn

Los síntomas pueden variar mucho entre personas y dependen de qué zona del intestino esté inflamada. Lo más habitual es que comiencen de forma lenta y progresiva, con episodios que empeoran en los brotes.

Síntomas digestivos más frecuentes

  • Diarrea persistente (a veces con sangre o mucosidad)

  • Dolor y calambres abdominales, sobre todo después de comer

  • Náuseas o vómitos

  • Pérdida de apetito y de peso

  • Fatiga extrema

  • Sangrado rectal

  • Dolor o supuración cerca del ano debido a fístulas, abscesos o fisuras.

Síntomas fuera del aparato digestivo

La enfermedad de Crohn también puede afectar a otras partes del cuerpo:

  • Inflamación o dolor en las articulaciones

  • Ojos rojos o irritados

  • Lesiones en la piel

  • Úlceras en la boca

  • Deficiencia de hierro o vitamina B12 (anemia)

  • En niños y adolescentes: retraso del crecimiento o de la pubertad

Complicaciones de la enfermedad de Crohn

Si la inflamación propia de la enfermedad de Crohn se mantiene durante mucho tiempo sin control, pueden aparecer distintas complicaciones. Una de las más habituales es el estrechamiento del intestino debido al tejido cicatricial, lo que puede dificultar el paso del contenido intestinal y provocar dolor, hinchazón o incluso una obstrucción que requiera atención urgente. También es frecuente el desarrollo de úlceras profundas en distintas partes del tubo digestivo, que pueden derivar en fístulas, es decir, conexiones anómalas entre el intestino y otros órganos o la piel, especialmente en la zona perianal, generando dolor, supuración e infecciones.

Además, la inflamación puede favorecer la aparición de abscesos, que son acúmulos de pus dolorosos que a menudo necesitan tratamiento antibiótico o drenaje. Las fisuras anales, muy molestas y dolorosas durante la defecación, también son relativamente comunes. A largo plazo, muchas personas pueden desarrollar déficits nutricionales por diarrea persistente, mala absorción o bajo aporte alimentario durante los brotes, lo que puede llevar a anemia o pérdida notable de peso. Finalmente, cuando el colon lleva años inflamado, aumenta el riesgo de cáncer colorrectal, por lo que se recomiendan revisiones periódicas mediante colonoscopia según indique el especialista.

Causas de la enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn no tiene una causa única definida. Los estudios actuales indican que se desarrolla por la combinación de varios factores que interactúan entre sí.

1. Genética

Se han identificado más de 200 genes vinculados a un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Crohn. Tener un familiar de primer grado afectado aumenta la probabilidad, aunque la genética por sí sola no explica el inicio de la enfermedad.

2. Sistema inmunitario alterado

El sistema inmunitario, en lugar de reaccionar solo frente a agentes externos, puede responder de forma exagerada ante bacterias habituales del propio intestino, generando inflamación crónica en la mucosa intestinal.

3. Microbiota intestinal desequilibrada (disbiosis)

Cada vez hay más evidencia de que la microbiota juega un papel central. Muchas personas con Crohn presentan:

  • Una menor presencia de bacterias consideradas beneficiosas

  • Reducción en la producción de ácidos grasos de cadena corta (como el butirato), esenciales para la salud de la barrera intestinal

  • Aumento de la permeabilidad intestinal, lo que facilita la entrada de sustancias que activan el sistema inmunitario

Este desequilibrio favorece un entorno inflamatorio que puede desencadenar o empeorar los brotes.

4. Estilo de vida y factores ambientales

Algunos hábitos o factores externos pueden aumentar el riesgo o influir en la evolución de la enfermedad:

  • Fumar es el factor modificable más importante: incrementa el riesgo de desarrollar Crohn y empeora su evolución.

  • Una alimentación rica en ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares puede favorecer la inflamación.

  • Estrés crónico y falta de descanso, que alteran el eje intestino-cerebro.

  • El uso frecuente de AINEs (como ibuprofeno o naproxeno) puede irritar la mucosa intestinal y agravar los síntomas.

Diagnóstico de la enfermedad de Crohn

Colonoscopia - enfermedad de crohn

Cuando aparecen síntomas persistentes como diarrea, dolor abdominal, pérdida de peso o sangre en las heces, el médico inicia una evaluación para determinar si se trata de enfermedad de Crohn. El primer paso suele ser realizar análisis de sangre, que permiten detectar inflamación, anemia o déficits nutricionales, y un análisis de heces con calprotectina fecal, un marcador muy útil para identificar inflamación intestinal.

La prueba clave es la colonoscopia, ya que permite observar directamente el interior del intestino y tomar biopsias que confirman el diagnóstico. Según los síntomas, también pueden realizarse otras endoscopias para estudiar diferentes zonas del tubo digestivo.

Además, suele completarse el estudio con pruebas de imagen como ecografía abdominal, TAC, resonancia o enterorresonancia, que ayudan a valorar la extensión de la enfermedad y detectar complicaciones que no siempre se ven con la colonoscopia.

Con la información combinada de estas pruebas, el especialista puede confirmar el diagnóstico y planificar el tratamiento más adecuado para cada persona.

Tratamiento de la enfermedad de Crohn

Aunque la enfermedad de Crohn no tiene cura definitiva, hoy disponemos de múltiples estrategias terapéuticas que permiten controlar los brotes, reducir la inflamación y mejorar significativamente la calidad de vida. El tratamiento siempre se adapta a cada persona según la localización de la enfermedad, su intensidad y las posibles complicaciones asociadas.

El abordaje suele incluir medicación para frenar la inflamación y modular la respuesta inmunitaria. En los brotes agudos se utilizan corticoides, muy eficaces para reducir la inflamación en poco tiempo, aunque no se recomiendan de forma prolongada. En algunos casos se prescriben aminosalicilatos, especialmente cuando el colon está afectado. Para mantener la enfermedad bajo control a largo plazo, el especialista puede indicar inmunomoduladores como la azatioprina o la mercaptopurina, o bien tratamientos biológicos, que actúan directamente sobre moléculas clave del proceso inflamatorio. En situaciones concretas, como infecciones o fístulas, pueden utilizarse antibióticos.

La cirugía puede ser necesaria cuando la inflamación mantenida ha provocado estenosis, obstrucciones, fístulas complejas o segmentos intestinales gravemente dañados. Aunque la cirugía suele mejorar los síntomas, no elimina la posibilidad de que la enfermedad reaparezca en otra zona del intestino, por lo que el seguimiento posterior sigue siendo esencial.

Alimentación en la enfermedad de Crohn

Alimentación sana y variada mediterranea

La alimentación influye mucho en el bienestar intestinal, aunque no existe una dieta única para todas las personas con Crohn. Las recomendaciones cambian según la fase de la enfermedad y la tolerancia individual.

Durante un brote

Cuando el intestino está inflamado, conviene reducir el esfuerzo digestivo y evitar alimentos que puedan irritar o aumentar los síntomas. Suelen recomendarse comidas más suaves, bien cocinadas y en pequeñas cantidades, además de una buena hidratación. En brotes intensos, el equipo médico puede pautar fórmulas nutricionales específicas para permitir que el intestino descanse.

Recomendaciones habituales durante un brote:

  • Dieta baja en residuos, con poca fibra insoluble

  • Evitar alimentos que produzcan gases o irritación

  • Raciones pequeñas y frecuentes

  • Hidratación constante

  • En algunos casos, nutrición enteral bajo supervisión profesional

En remisión

Cuando los síntomas están controlados, la alimentación puede ser más variada, siempre adaptada a la tolerancia individual. El objetivo es nutrir bien al organismo y mantener un intestino estable.

Recomendaciones habituales en remisión:

  • Dieta equilibrada, con frutas y verduras bien toleradas

  • Proteínas de calidad (pescado, huevo, carnes magras, legumbres adaptadas)

  • Grasas saludables como aceite de oliva o frutos secos

  • Reducir ultraprocesados y exceso de azúcares

  • Revisar niveles de hierro, vitamina D, calcio, folatos y vitamina B12 para evitar déficits

Enfermedad de Crohn y microbiota intestinal

En los últimos años, numerosos estudios han demostrado que las personas con enfermedad de Crohn suelen presentar cambios importantes en la microbiota intestinal. Este desequilibrio, conocido como disbiosis, puede influir en varios procesos clave del organismo:

  • La intensidad de la inflamación en el intestino

  • La fortaleza de la barrera intestinal, que actúa como filtro protector

  • El funcionamiento del sistema inmunitario

  • La comunicación bidireccional del eje intestino-cerebro, relacionada con el estrés, el estado de ánimo y la ansiedad

Una microbiota menos diversa y con menor presencia de bacterias beneficiosas se asocia a una barrera intestinal debilitada y a un mayor riesgo de que el sistema inmunitario reaccione de forma exagerada, contribuyendo a la inflamación característica de la enfermedad de Crohn.

¿Pueden ayudar los probióticos de alta calidad en la enfermedad de Crohn?

La investigación científica señala que, en el contexto de la enfermedad de Crohn, la disbiosis desempeña un papel determinante: disminuyen las bacterias beneficiosas, se reduce la producción de ácidos grasos de cadena corta (como el butirato) y la mucosa intestinal pierde parte de su capacidad protectora.

Por este motivo, además del tratamiento médico, cada vez más profesionales consideran útil valorar el uso de probióticos de alta calidad como complemento para apoyar el equilibrio intestinal.

Los probióticos bien formulados pueden:

  • Contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal

  • Favorecer el funcionamiento normal de la barrera intestinal

  • Ayudar al sistema inmunitario

  • Mejorar el bienestar digestivo y apoyar la regularidad intestinal

Es importante recordar que los probióticos no sustituyen el tratamiento prescrito por el especialista, pero sí pueden ser un apoyo relevante en el cuidado diario del intestino, especialmente en fases de remisión y siempre bajo recomendación profesional.

Crohn, estrés y el eje intestino-cerebro

Good habits - Good life

La conexión entre intestino y cerebro es continua y bidireccional: se comunican a través de millones de neuronas, hormonas y señales químicas. Por eso, los niveles de estrés, la calidad del sueño o el estado emocional pueden influir directamente en el curso de la enfermedad de Crohn. Muchos brotes se asocian a momentos de tensión, ansiedad o falta de descanso, no porque el estrés sea la causa de la enfermedad, sino porque puede intensificar la inflamación y empeorar los síntomas.

Para cuidar esta conexión y favorecer el equilibrio intestinal, resulta especialmente útil incorporar hábitos que reduzcan la carga emocional del día a día:

  • Ejercicio regular y moderado, como caminar, nadar o bicicleta suave

  • Técnicas de relajación (respiración profunda, mindfulness, yoga suave) para calmar el sistema nervioso

  • Rutinas de sueño estables, con horarios regulares y descanso reparador

  • Mayor gestión emocional, poniendo límites cuando sea posible y evitando acumulación de estrés

Cuidar el bienestar emocional no es un “extra”: es una parte esencial del tratamiento, ya que un sistema nervioso más calmado ayuda al intestino a funcionar de manera más equilibrada.

Preguntas frecuentes y resumen

Es una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que cursa en brotes y puede afectar a cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano.

Diarrea persistente, dolor abdominal, pérdida de peso, fatiga extrema y, en algunos casos, sangre en las heces o fiebre.

Mediante análisis de sangre, análisis de heces (incluida calprotectina), endoscopia con biopsias y pruebas de imagen como resonancia o TAC.

No existe una cura definitiva, pero sí tratamientos eficaces que pueden lograr remisiones prolongadas y permitir una vida normal.

Alimentos ricos en fibra insoluble, fritos, picantes, ultraprocesados, alcohol y comidas muy grasas o flatulentas. La dieta debe adaptarse individualmente.

Pueden contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal, apoyar el funcionamiento normal de la barrera intestinal y ayudar al sistema inmunitario. Son un complemento, no un sustituto del tratamiento médico.

Sí. Muchas personas llevan una vida activa y normal con la enfermedad. La clave está en el seguimiento médico, el tratamiento adecuado, una alimentación adaptada, evitar el tabaco, gestionar el estrés y cuidar el descanso.

En la mayoría de los casos, la esperanza de vida es similar a la de la población general, especialmente cuando existe un buen control médico y prevención de complicaciones.

Existe predisposición genética: tener un familiar de primer grado con la enfermedad aumenta el riesgo, pero no es determinante.

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