Cada vez somos más conscientes de la importancia de mantener un sistema inmunitario fuerte, especialmente en momentos de estrés, cambios de temperatura o mayor carga mental. Aunque solemos asociar las defensas con “evitar resfriarnos”, en realidad este sistema trabaja sin descanso para protegernos, reparar tejidos, regular la inflamación y ayudarnos a mantenernos activos.
Comprender qué factores influyen en su funcionamiento, como el intestino, la vitamina D, el sueño o el hígado, permite cuidarlo de forma más eficaz. Estos cinco factores esenciales te ayudarán a entender cómo funciona tu sistema inmunitario y qué puedes hacer para reforzarlo de manera natural.
Factor 1:
Intestino fuerte, sistema inmunitario fuerte
Se estima que el 70 % de las células inmunitarias que producen anticuerpos se encuentra en el intestino, lo que convierte a este órgano en una pieza fundamental de nuestras defensas.
Un intestino sano ofrece una protección más eficaz frente a distintas enfermedades. La flora intestinal, que está formada por miles de millones de microorganismos, crea un entorno equilibrado que mantiene al sistema defensivo activo y funcional.
Las bacterias beneficiosas aseguran que todo funcione correctamente. Cuando la flora intestinal se altera, las defensas pierden eficacia y el organismo queda más expuesto a agresiones externas, por lo que mantener un equilibrio intestinal es clave.
En este proceso, los probióticos de alta calidad desempeñan un papel fundamental, ya que ayudan a restaurar y mantener una flora intestinal saludable. Su uso es especialmente recomendable en situaciones de estrés, desequilibrio intestinal o alimentación irregular.
Una dieta equilibrada, acompañada de ejercicio regular y una buena gestión del estrés, contribuye de forma notable a la salud intestinal y, con ello, al buen funcionamiento del sistema inmunitario.
Factor 2:
Vitamina D: esencial para tus defensas
La vitamina D es esencial para activar y equilibrar el sistema inmunitario. Participa en la maduración de células defensivas y ayuda al organismo a reaccionar de forma eficaz frente a los patógenos.
El problema es que dependemos casi por completo de la luz solar para producirla. Por eso es tan habitual tener niveles bajos, especialmente en otoño e invierno.
Las causas más frecuentes de déficit son:
Poca exposición al sol.
Pasar muchas horas en interiores.
Uso habitual de protector solar.
Edad, ya que la piel produce menos vitamina D.
La alimentación aporta muy poca cantidad, incluso con una dieta equilibrada. Por ese motivo, muchas personas recurren a complementos alimenticios cuando necesitan reforzar sus defensas.
Mantener buenos niveles de vitamina D contribuye a:
Un sistema inmunitario más estable.
Menor riesgo de infecciones respiratorias.
Mejor regulación de la inflamación.
Cuidar la vitamina D es una forma sencilla y eficaz de apoyar tus defensas durante todo el año.
Factor 3:
El hígado, el mejor amigo y aliado del sistema inmunitario
El hígado es un órgano esencial y, aun así, suele estar poco valorado. Además de su función en el metabolismo, interviene de forma decisiva en la inmunidad.
El aumento del sobrepeso ha incrementado la prevalencia del hígado graso, una alteración que suele desarrollarse como consecuencia de un estilo de vida poco saludable, determinados medicamentos o enfermedades previas. Aunque al principio no presente síntomas, puede tener efectos importantes en la salud.
El hígado colabora con el sistema inmunitario al eliminar bacterias, toxinas y células dañadas presentes en la sangre. Este trabajo es realizado por las células inmunitarias hepáticas, también llamadas macrófagos del hígado, que actúan como filtros naturales.
Cuando el hígado funciona correctamente, proporciona energía y apoyo al sistema inmunitario, especialmente cuando este necesita actuar con rapidez.
Factor 4:
El sueño es esencial para un sistema inmunitario eficiente
Dormir bien es imprescindible para que las defensas funcionen correctamente.
La falta de sueño reduce la capacidad de las células T, responsables de localizar y eliminar células infectadas. Incluso con solo tres horas menos de descanso, su actividad disminuye de forma notable.
El descanso adecuado es uno de los pilares del sistema inmunitario y diversos estudios demuestran que las personas que duermen menos presentan un mayor riesgo de resfriarse.
Cuidar la higiene del sueño, manteniendo horarios estables, evitando las pantallas antes de dormir y creando un ambiente relajado, es una de las medidas más eficaces para reforzar las defensas.
Factor 5:
La noche es el superpoder de tu sistema inmunitario
El sistema inmunitario también depende de la energía que utiliza el cuerpo.
Durante el día, la mayor parte de esa energía se destina al cerebro, los músculos y el aparato digestivo. Cuando las barreras naturales del organismo, como la piel o las mucosas, no están completamente fortalecidas, los patógenos pueden penetrar con más facilidad y el sistema inmunitario debe permanecer en alerta.
Por la noche, la energía se redistribuye y las defensas reciben el apoyo necesario para trabajar de forma intensiva. Es en ese momento cuando se llevan a cabo procesos esenciales, como la reparación de tejidos, la identificación de patógenos y la neutralización de microorganismos.
Cuando las defensas están sobrecargadas, pueden aparecer síntomas como fatiga, pesadez de cabeza o falta de energía. Mantener hábitos saludables ayuda a reforzar las barreras naturales y permite que el sistema inmunitario concentre sus recursos en su función principal.