¿Por qué se repiten las infecciones de orina y qué las provoca realmente?
Las infecciones del tracto urinario (ITU), también conocidas como cistitis, afectan a muchísimas personas, especialmente en verano. El calor, la humedad, las piscinas y el uso de ropa ajustada crean el entorno perfecto para que bacterias como Escherichia coli proliferen. Pero ¿por qué algunas personas las sufren una y otra vez?
En general, las mujeres tienen hasta cuatro veces más riesgo de padecer infecciones de orina que los hombres. Esto se debe, entre otras razones, a que su uretra es más corta, lo que facilita que las bacterias lleguen a la vejiga. Además, la cercanía entre la uretra, el ano y la vagina favorece la transmisión de bacterias del intestino.
Durante el embarazo, los cambios hormonales reducen la protección natural frente a infecciones. Y en la menopausia, al disminuir los niveles de estrógenos, la mucosa vaginal pierde parte de su función protectora. En ambas etapas, el riesgo de sufrir cistitis aumenta significativamente.
El sistema inmunitario también tiene un papel clave: si está debilitado —por estrés, alimentación inadecuada o enfermedades crónicas—, las defensas bajan y las bacterias encuentran el camino más fácil. Otros factores de riesgo son el uso de ropa interior sintética, una higiene íntima agresiva o no orinar después de mantener relaciones sexuales.
Tanto hombres como mujeres pueden sufrir infecciones urinarias recurrentes. Se considera «recurrente» cuando alguien tiene al menos dos episodios en seis meses o tres en un año. Investigaciones recientes muestran que no siempre se trata de una nueva infección: a veces, bacterias como Escherichia coli permanecen latentes en las células de la vejiga, y se reactivan cuando el sistema inmunitario se debilita.
Esto explica por qué muchas personas —sobre todo mujeres— vuelven a sufrir una infección incluso después de un tratamiento antibiótico. Si las bacterias no se eliminan del todo, el ciclo se repite. Y cada nueva infección puede dañar un poco más la mucosa vesical, haciendo que sea aún más fácil volver a infectarse. En estos casos, mantener una flora íntima equilibrada con el apoyo de probióticos puede ser fundamental para la prevención.
¿Cómo reconocer una infección de orina?
Detectar a tiempo una infección urinaria es clave para evitar complicaciones y molestias innecesarias. Aunque los síntomas pueden variar de una persona a otra, hay señales comunes que nos alertan de que algo no va bien en el tracto urinario.
Los síntomas más frecuentes de una infección de orina son:
Escozor o dolor al orinar, una de las primeras señales que suele aparecer.
Necesidad urgente y frecuente de orinar, incluso cuando la vejiga apenas contiene líquido.
Orina turbia o con olor fuerte, a veces acompañada de cambios en el color.
Dolor o presión en la parte baja del abdomen, similar al de una regla o molestia intestinal.
Malestar general, fiebre leve o escalofríos.
Dolor durante las relaciones sexuales, en especial en mujeres.
Presencia de sangre en la orina, que puede teñirla de rosa o rojo.
En algunos casos también se presenta dolor lumbar, lo que podría indicar que la infección ha llegado a los riñones. En este caso, es fundamental acudir al médico lo antes posible para evitar complicaciones.
¿Qué ayuda frente a las infecciones de orina recurrentes?
Aquí tienes consejos prácticos y efectivos para protegerte de las infecciones de orinas recurrentes:
Beber abundante agua
Una buena hidratación es esencial. Beber unos dos litros de agua al día ayuda a limpiar las vías urinarias y favorece la eliminación natural de las bacterias, previniendo así la aparición de infecciones.
Cámbiate el bañador mojado cuanto antes
Aunque en verano el agua es muy tentadora y pasamos más tiempo en piscinas, playas o ríos, es importante cambiarse la ropa mojada por prendas secas nada más salir del agua. Permanecer con el bañador húmedo durante horas favorece la proliferación de bacterias en la zona íntima y puede aumentar el riesgo de sufrir una infección de orina.
Este consejo no solo es válido en verano: en otoño o invierno, cuando el cuerpo se enfría más fácilmente, mantener la zona baja del abdomen o los pies fríos también puede debilitar el sistema inmunitario local y facilitar una nueva cistitis. El frío hace que los vasos sanguíneos se contraigan y se reduzca el flujo de sangre en ciertas zonas, lo que implica que también llegan menos células de defensa.
Si ya tienes tendencia a sufrir infecciones de orina recurrentes, este simple gesto puede marcar la diferencia. Por el contrario, si tu sistema inmunitario está fuerte y en equilibrio, tu cuerpo podrá neutralizar mejor estos pequeños desequilibrios sin llegar a desarrollar una infección.
Alimentación equilibrada y ejercicio
Llevar una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico con regularidad —preferiblemente al aire libre— son pilares clave para fortalecer el sistema inmunitario y prevenir infecciones. Una buena salud general actúa como barrera natural frente a la aparición de cistitis recurrente.
Por el contrario, una alimentación rica en azúcares refinados puede tener el efecto contrario: el exceso de azúcar alimenta a los microorganismos patógenos, facilitando su crecimiento y desequilibrando la flora intestinal. Esto no solo impacta en el sistema digestivo, sino también en otras zonas sensibles, como la vejiga o la mucosa vaginal.
En el caso de las mujeres, mantener una flora vaginal equilibrada es especialmente importante. Cuando esta flora está alterada —por estrés, antibióticos, cambios hormonales o alimentación inadecuada—, el riesgo de que las bacterias colonicen la zona y lleguen a las vías urinarias aumenta.
Una alimentación rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados, combinada con movimiento diario, no solo mejora la digestión y el estado de ánimo, sino que puede reducir significativamente el riesgo de desarrollar infecciones urinarias y favorecer un estado de salud general más fuerte y resistente.
Higiene íntima correcta
Lava la zona íntima una vez al día con agua tibia o un producto específico. Evita los jabones agresivos, ya que alteran el pH natural. No es recomendable realizar duchas vaginales, ya que pueden eliminar la flora protectora.
Cuidado durante las relaciones sexuales
Si, las relaciones sexuales pueden facilitar la entrada de bacterias en la uretra, sobre todo si hay una predisposición a sufrir infecciones de orina. Para prevenirlo, se recomienda orinar después del sexo y lavar suavemente la zona íntima con agua templada, evitando productos perfumados.
También es importante tener precaución si se alterna entre sexo anal, oral y vaginal. Cambiar de práctica sin protección puede alterar los distintos microbiomas del cuerpo y aumentar el riesgo de infección. Lo ideal es usar preservativo y cambiarlo entre prácticas para evitar la transferencia de bacterias.
Pequeñas medidas como estas pueden marcar la diferencia en la prevención de la cistitis recurrente.
Probióticos
Ciertas cepas bacterianas beneficiosas, especialmente los lactobacilos, tienen un efecto positivo sobre la flora vaginal. Estas bacterias ayudan a mantener el pH ácido natural y evitan que microorganismos dañinos colonicen la zona íntima.
Además, la toma regular de probióticos específicos puede resultar especialmente útil en mujeres con infecciones recurrentes, así como durante el embarazo o la menopausia, etapas en las que la flora vaginal suele alterarse.
¿Cómo llegan las bacterias del intestino a la vejiga?
La proximidad entre el ano, la vagina y la uretra en la anatomía femenina facilita que ciertas bacterias intestinales puedan desplazarse hacia las vías urinarias. Aunque estos sistemas no están “conectados” como tal, sí comparten mucosas, y existe una especie de “autopista mucosa” entre el recto y la vagina que permite el tránsito natural de microorganismos.
Este camino fisiológico es utilizado habitualmente por los lactobacilos, que migran desde el intestino hacia la vagina, ayudando a mantener la flora vaginal en equilibrio. Sin embargo, si el microbioma intestinal está alterado o hay una sobrepoblación de bacterias patógenas, estas también pueden acceder a la vejiga y desencadenar una infección de orina.
Por eso, cuidar la salud intestinal es también clave para prevenir infecciones urinarias.
¿Antibióticos? ¿Cuándo acudir al médico?
En casos leves de infección de orina, muchos expertos desaconsejan el uso inmediato de antibióticos, debido al aumento de las resistencias. Además, bacterias como Escherichia coli o Gardnerella vaginalis pueden formar un biofilm protector que las hace más resistentes al tratamiento convencional, reduciendo la eficacia de los antibióticos.
En estos casos, se recomienda mantener el abdomen caliente, descansar, beber abundante agua y apoyar la flora vaginal con probióticos que contengan cepas bacterianas específicamente seleccionadas. De esta manera, se evita que gérmenes como E. coli asciendan hasta la vejiga.
No obstante, es importante ir al médico si el dolor persiste, se intensifica, se presentan signos de una posible infección renal, por ejemplo:
- Dolor de espalda o de costado
- Escalofríos
- Fiebre
- Vómitos
Las infecciones recurrentes pueden tener causas anatómicas u otros factores que deben ser evaluados por un especialista. En general, si sufres infecciones urinarias frecuentes, conviene consultar con tu médico para valorar opciones de prevención y tratamiento a largo plazo.