09. Mar 2022

Dra. Verena Stiegelbauer

La microbiota vaginal

La base del bienestar femenino

Un microbioma saludable garantiza que el organismo esté protegido contra el ingreso de sustancias nocivas del medio ambiente y de microorganismos extraños. Para ello, es esencial contar con una poderosa barrera protectora, es decir, una mucosa intacta, reforzada por el mayor número posible de bacterias beneficiosas para la salud. Los trastornos del microbioma, también llamados disbiosis, se asocian por tanto a numerosas enfermedades. En ginecología, la microbiota vaginal es el centro de la investigación médica cuando se trata de lograr un efecto positivo en la salud femenina (íntima) y de tratar a largo plazo dolencias como la micosis vaginal o la vaginosis bacteriana. Desde luego, una composición óptima de la microbiota vaginal es de gran importancia para la calidad de vida y la salud de la mujer.

Una microbiota vaginal sana está formada en gran parte por bacterias del género Lactobacillus y funciona como un importante escudo protector contra los trastornos e infecciones vaginales, por ejemplo, contra la vaginosis bacteriana, la candidiasis vaginal o las infecciones del tracto urinario. La protección contra los gérmenes patógenos funciona de varias maneras: los lactobacilos de la flora vaginal metabolizan el glucógeno produciendo ácido láctico (por eso estas bacterias también se llaman “bacterias del ácido láctico”). Este proceso es relevante para mantener un pH vaginal ácido de 3,8 – 4,4 y crear un ambiente que previene el crecimiento de gérmenes patógenos. Además, los microorganismos nocivos se mantienen a raya gracias al peróxido de hidrógeno producido por ciertos lactobacilos especiales.

Escudo protector de la zona íntima

El desarrollo de la microbiota vaginal se produce ya desde el nacimiento con la ayuda de las bacterias intestinales. Si observamos un corte transversal de la pelvis femenina, veremos que la zona anal o rectal, la zona vaginal y el tracto urinario no son sistemas “cerrados”, sino que desembocan en orificios. Entre la zona anal y la vaginal existe una “vía mucosa“: A través de esta vía fisiológica de transporte, los lactobacilos son transportados permanentemente desde el recto, que sirve de depósito de bacterias lácticas beneficiosas, hacia la vagina. Esta estrecha conexión entre la flora intestinal y la vaginal también explica por qué factores similares alteran su equilibrio natural y provocan desajustes. Entre los factores que dañan la microbiota vaginal se encuentran el estrés, que suele provocar infecciones vaginales, y la administración de antibióticos, que a menudo desencadena infecciones en la zona urogenital.

Microbiota vaginal alterada como causa de infecciones recurrentes

Las infecciones bacterianas de la zona íntima suelen tratarse exclusivamente con antibióticos, lo que destruye los microorganismos beneficiosos y daña masivamente el escudo protector de esa zona. Por lo tanto, no es de extrañar que muchas mujeres tengan que luchar con molestias recurrentes en la zona urogenital: el 60 % de las mujeres a las que se les diagnostica vaginosis bacteriana vuelve a sufrir los síntomas después de seis meses como máximo. Las infecciones del tracto urinario (“Infecciones urinarias”) reaparecen en el 25 % de las mujeres, lo que a menudo resulta en síntomas crónicos. Los gérmenes patógenos son extremadamente creativos cuando se trata de su propia supervivencia: si la microbiota vaginal está desequilibrada, ellos producen una fina capa de moco o biopelícula en la superficie vaginal, que los protege tanto del sistema inmunitario del organismo como de los antibióticos, y les permite así proliferar sin obstáculos. Esta biopelícula favorece, por tanto, la recurrencia de las infecciones vaginales. Hay dos especies bacterianas responsables de las infecciones urinarias recurrentes: Escherichia coli y Gardnerella vaginalis. Las primeras se introducen en el tracto urinario a través de la vagina desde el intestino y anidan en la pared de la vejiga. Allí están tan bien escondidas que ni los antibióticos pueden atacarlas ni las propias defensas del organismo pueden detectarlas. Si se suma la Gardnerella vaginalis, la E. coli se activa y provoca nuevas infecciones urinarias.

Terapia de la microbiota vaginal alterada con bacterias probióticas


Un grupo de investigación de la Universidad de Viena comenzó a desarrollar una formulación de varias cepas de Lactobacillus, que coloniza de forma duradera la vagina por la vía natural, es decir, desde el intestino: debido al paso por el tracto intestinal, forma en el recto un depósito que sirve como reservorio y fuente para la colonización del tracto vaginal. A partir de 127 Lactobacillus aislados de la vagina de mujeres sanas, los ginecólogos llevaron a cabo un proceso de selección paso a paso. Finalmente, se seleccionaron cuatro cepas específicas de Lactobacillus que cumplían con todos los criterios de calidad y tenían un efecto comprobado en la salud del tracto urogenital femenino. La eficacia de la combinación de esas cuatro cepas bacterianas se analizó luego en varios proyectos de investigación y mostró resultados excelentes.

Una microbiota vaginal sana está formada en gran parte por bacterias del género Lactobacillus y funciona como un importante escudo protector contra los trastornos e infecciones vaginales 

La colonización duradera del tracto vaginal con bacterias del ácido láctico mediante este novedoso método quedó claramente demostrada en un estudio único controlado con placebo: En la Universidad de Medicina de Viena se examinó la colonización de las vaginas formadas quirúrgicamente en pacientes transexuales por bacterias del ácido láctico. El tejido vaginal de estas mujeres no tiene un escudo protector natural después de la operación, por lo que la mayoría de las pacientes tienen una microbiota vaginal disbiótica al poco tiempo, lo que a su vez es típico de la vaginosis bacteriana. Los científicos documentaron una mejora significativa de la microbiota vaginal (evaluada mediante el sistema de puntuación de Nugent) en el 48,5 % de las mujeres transexuales en un plazo de siete días al administrarles el probiótico por vía oral, mientras que en el grupo de placebo solo el 14,8 % de los sujetos de prueba mostraron una colonización positiva. La administración oral del probiótico multiespecie con las cuatro cepas de lactobacilos seleccionadas no solo permitió una colonización natural completa, sino también el restablecimiento de una microbiota vaginal saludable. De este modo, es un proceso duradero, ya que el suministro de nuevos lactobacilos intestinales se produce una y otra vez según sea necesario.

¿Antibióticos? ¡Apoye su flora vaginal!

La vaginosis bacteriana (VB) es el trastorno microbiano más común del entorno vaginal y afecta hasta al 10 % de las mujeres (hasta el 22 % durante el embarazo). En alrededor del 30 % de las personas afectadas, los síntomas se repiten una y otra vez. Los síntomas característicos de la VB, que están presentes en aproximadamente el 50 % de los casos, incluyen aumento de la secreción, picazón, dolor en el área vaginal y en la parte inferior del abdomen, y molestias durante las relaciones sexuales. La causa de la VB es un crecimiento excesivo de microorganismos patógenos, como Gardnerella vaginalis. La VB se trata principalmente con antibióticos orales o tópicos como metronidazol o clindamicina; sin embargo, esto no se recomienda, especialmente durante el primer trimestre del embarazo. Debido al mayor riesgo de VB, especialmente durante el embarazo, es necesario contar con alternativas terapéuticas adecuadas. En particular, la biopelícula ya descrita contribuye a las vaginosis bacteriana persistentes. Por lo tanto, se llevó a cabo un estudio controlado con placebo para investigar los efectos del consumo del nuevo probiótico en pacientes con VB.

En resumen, tomar el probiótico multiespecie redujo la incidencia de vaginosis bacteriana recurrente y a una mejora general de la composición de la microbiota vaginal.

Todas las pacientes participantes recibieron al mismo tiempo un tratamiento con antibióticos y el probiótico o un placebo de aspecto idéntico. Tras cuatro semanas de uso, ninguna de las pacientes del grupo de probióticos tenía VB, mientras que en el grupo de placebo, la vaginosis bacteriana seguía presente en el 38 % de las mujeres. En resumen, la toma del probiótico multiespecie condujo a una menor incidencia de vaginosis bacteriana recurrente y a una mejora general de la composición de la microbiota vaginal. Debido a sus beneficios claramente demostrados, se recomienda la terapia de la vaginosis bacteriana con un probiótico por vía oral.

 
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