Cuando un bebé llora de forma intensa, se encoge, aprieta las piernas contra la barriga y parece que nada consigue calmarle, es fácil pensar: «¿Serán cólicos?». Y también preguntarse qué le pasa y, sobre todo, qué podemos hacer para ayudarle.
Los cólicos en bebés o el cólico del lactante son episodios recurrentes y prolongados de llanto, irritabilidad o inquietud que aparecen sin una causa evidente en bebés que, por lo demás, están sanos. Suelen comenzar durante las primeras semanas de vida, alcanzar su máxima intensidad alrededor de la quinta o sexta semana y disminuir progresivamente durante los primeros meses.
Aunque generalmente son un proceso benigno y transitorio, pueden resultar difíciles de llevar, especialmente cuando el llanto se repite día tras día. Y todavía quedan muchas preguntas alrededor de los cólicos: ¿son consecuencia de los gases?, ¿tienen un origen digestivo?, ¿influye la microbiota intestinal?, ¿hay algo que realmente ayude?
A lo largo de este artículo veremos qué sabemos actualmente sobre los cólicos en bebés, cómo reconocerlos y qué medidas pueden ayudar a hacer esta etapa un poco más llevadera.
¿Qué son los cólicos del lactante?
Los cólicos en bebés no es una enfermedad, sino un trastorno frecuente durante los primeros meses de vida. Se caracteriza por episodios recurrentes de llanto intenso, irritabilidad o inquietud que aparecen sin una causa aparente y que resultan difíciles de prevenir o calmar.
Durante muchos años se utilizó la conocida «regla de los tres» para identificar los cólicos: llanto durante más de tres horas al día, más de tres días a la semana y durante más de tres semanas. Actualmente, los criterios utilizados son menos rígidos y tienen en cuenta aspectos como la edad del bebé, la aparición de episodios prolongados de llanto sin una causa evidente y la ausencia de signos de enfermedad.
Los cólicos suelen comenzar en las primeras semanas de vida y alcanzar su mayor intensidad alrededor de la quinta o sexta semana. Después tienden a disminuir progresivamente y es poco frecuente que persistan más allá del cuarto mes.
¿Cómo saber si mi bebé tiene cólicos?
No todo llanto significa que un bebé tenga cólicos. Hambre, sueño, frío, calor, necesidad de contacto o un pañal incómodo también pueden hacerle llorar. Los cólicos en bebés, sin embargo, los episodios suelen repetirse y pueden resultar especialmente difíciles de calmar.
Durante estos episodios es frecuente observar llanto intenso que aparece aparentemente sin motivo, irritabilidad, enrojecimiento de la cara, flexión de las piernas hacia el abdomen, barriga aparentemente hinchada o una mayor expulsión de gases.
Precisamente por estos signos, durante mucho tiempo se ha relacionado el cólico directamente con molestias digestivas. Sin embargo, su origen todavía no está completamente aclarado y actualmente se considera que podrían intervenir diferentes factores.
Entre ellos se investiga el papel de la maduración del aparato digestivo, la microbiota intestinal y la comunicación entre el intestino y el cerebro. Y esto resulta especialmente interesante durante los primeros meses de vida, una etapa en la que la microbiota del bebé está todavía desarrollándose y factores como el tipo de parto, la alimentación o el entorno pueden influir en su composición.
¿Por qué se producen los cólicos en bebés?
A pesar de ser tan frecuentes, todavía no se conoce una única causa que explique los cólicos del lactante. Durante mucho tiempo se han relacionado principalmente con los gases y las molestias digestivas, pero actualmente se considera que probablemente intervengan varios factores.
Durante los primeros meses de vida, tanto el sistema digestivo como el sistema nervioso del bebé continúan madurando. Su organismo está aprendiendo a digerir los alimentos, gestionar los movimientos intestinales y adaptarse a una enorme cantidad de estímulos nuevos.
Además, cada vez existe más interés científico por el papel que podría desempeñar la microbiota intestinal. Durante esta etapa se está formando y evolucionando rápidamente, y su composición puede estar influida por factores como el tipo de parto, la alimentación del bebé, el uso de antibióticos o la microbiota materna.
También se estudia la comunicación entre el intestino y el cerebro, conocida como eje intestino-cerebro. Esta conexión comienza a desarrollarse desde las primeras etapas de la vida y podría ayudar a comprender por qué el cólico no parece ser únicamente una cuestión de «tener gases».
Por eso, más que buscar una sola explicación, actualmente se habla de un posible origen multifactorial, en el que podrían intervenir la maduración digestiva y neurológica, la microbiota intestinal y otros factores relacionados con la adaptación del bebé a sus primeros meses de vida.
¿Cólicos o gases? No son exactamente lo mismo
Es muy habitual relacionar los cólicos en bebés con gases, ya que durante un episodio el pequeño puede encoger las piernas, tensar el abdomen o expulsar gases. Sin embargo, tener gases no significa necesariamente tener cólicos.
Podemos fijarnos en algunas diferencias:
La microbiota intestinal del bebé:
¿qué relación tiene con los cólicos?
Durante los primeros meses de vida, el intestino del bebé está experimentando grandes cambios. Su microbiota intestinal está todavía en pleno desarrollo y su composición evoluciona rápidamente a medida que entra en contacto con nuevos microorganismos, alimentos y estímulos del entorno.
Pero esta historia empieza incluso antes. La microbiota materna durante el embarazo, el nacimiento y los primeros meses de vida forman parte de un proceso en el que intervienen numerosos factores.
Cada bebé desarrolla su propia microbiota
No existe una microbiota idéntica para todos los bebés. Entre los factores que pueden influir en su desarrollo destacan:
🤰 Embarazo y microbiota materna
La microbiota de la madre forma parte del entorno microbiano al que está expuesto el bebé desde las primeras etapas de la vida.
👶 Parto vaginal o cesárea
El tipo de parto influye en la colonización inicial. Se han observado diferencias en la composición de la microbiota intestinal entre bebés nacidos por vía vaginal y por cesárea, especialmente durante los primeros meses.
🤱 Lactancia materna o leche de fórmula
La leche materna contiene microorganismos y oligosacáridos de la leche humana (HMO), que sirven de alimento para determinadas bacterias intestinales. Cuando la lactancia materna no es posible o se combina con leche de fórmula, la microbiota continúa desarrollándose, aunque pueden existir diferencias en su composición.
💊 Uso de antibióticos
La exposición a antibióticos durante el embarazo, el parto o los primeros meses de vida también puede producir cambios en la microbiota intestinal.
¿Existe una microbiota diferente en los bebés con cólicos?
Esta es precisamente una de las cuestiones que está investigando la ciencia.
Algunos estudios han encontrado diferencias en la composición de la microbiota intestinal de bebés con cólicos en comparación con bebés sin cólicos. Se han observado, por ejemplo, variaciones en determinados grupos bacterianos y en la diversidad microbiana.
Sin embargo, hay que interpretar estos resultados con prudencia. Que existan diferencias no significa que podamos afirmar que una determinada microbiota sea la causa de los cólicos en bebés. El cólico del lactante continúa considerándose un problema multifactorial y todavía queda mucho por descubrir sobre el papel concreto de las bacterias intestinales.
Lo que sí sabemos es que el intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante a través del denominado eje intestino-cerebro, y que esta comunicación comienza a desarrollarse desde las primeras etapas de la vida. Por eso, comprender cómo evoluciona la microbiota infantil se ha convertido en un área de especial interés para la investigación sobre los cólicos en bebés.
¿Pueden ayudar los probióticos con los cólicos en bebés?
La relación observada entre microbiota intestinal y cólicos ha llevado también a investigar si determinadas cepas probióticas pueden influir en la duración del llanto.
Y aquí hay un matiz fundamental: no todos los probióticos son iguales. Los posibles efectos observados en los estudios corresponden a cepas concretas, administradas en determinadas cantidades y durante periodos específicos, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse automáticamente a cualquier probiótico.
Algunas revisiones y ensayos clínicos han observado una reducción del tiempo diario de llanto con determinadas cepas probióticas, especialmente en bebés con cólicos alimentados principalmente con leche materna. Sin embargo, la evidencia es menos clara en bebés alimentados con fórmula y los resultados entre estudios no siempre son homogéneos.
Por este motivo, los probióticos no deben presentarse como una solución general para los cólicos en bebés. Si se plantea su utilización durante los primeros meses de vida, conviene consultarlo previamente con el pediatra.
Cada probiótico es diferente y no todas las cepas tienen los mismos efectos. Si quieres saber más sobre probióticos y microbiota intestinal, nuestro equipo estará encantado de ayudarte a resolver tus dudas.